
Los pescados grasos aportan Omega-3 útiles para las articulaciones del perro, pero su calidad varía. Sobrepesca, contaminantes y descenso de EPA/DHA: estas son las alternativas más seguras.
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Ingredientes naturalesLa artrosis afecta gravemente a la movilidad de nuestros perros. Los Omega-3, especialmente el EPA y el DHA, son la solución nutricional más reconocida para apoyar la función articular y combatir la inflamación.
Estos ácidos grasos se encuentran de forma natural en los pescados azules (sardina, salmón, anchoa).
Sin embargo, estas fuentes afrontan retos cada vez más serios: la reducción de su contenido nutricional, el riesgo de bioacumulación de contaminantes y el impacto ecológico de su pesca.
En el Laboratorio Sensilia, nuestro compromiso es ofrecer Omega-3 de máxima eficacia y pureza para su animal, con el menor impacto ambiental posible.
En este artículo analizamos los desafíos actuales de las fuentes de pescado, basándonos en estudios científicos, para ayudarle a elegir el suplemento de Omega-3 más seguro y eficaz para su perro.
Durante décadas, los pescados azules fueron la fuente de referencia de Omega-3. La razón es sencilla: son una de las pocas fuentes alimentarias naturalmente ricas en EPA (ácido eicosapentaenoico) y DHA (ácido docosahexaenoico), los dos ácidos grasos marinos con mayor impacto sobre la salud.
Sorprendentemente, los peces no producen estos Omega-3 por sí mismos: los acumulan al alimentarse de microalgas marinas, plancton y organismos que los consumen. Esto les confiere un perfil lipídico único: Omega-3 directamente biodisponibles, en concentraciones que los alimentos terrestres no pueden igualar.
Históricamente, su reputación se asentó en varios factores:
Antes del auge de las alternativas (especialmente las microalgas), los pescados azules eran la opción más accesible, directa y natural para obtener Omega-3 esenciales.
No todas las especies aportan la misma cantidad de Omega-3 marinos.
Los pescados «azules» son los más ricos en EPA y DHA porque acumulan más lípidos en sus tejidos, procedentes de su dieta a base de microalgas, zooplancton y crustáceos pequeños naturalmente ricos en Omega-3.
A diferencia de los pescados blancos (como el bacalao o el lenguado), que usan sus reservas musculares para obtener energía, los pescados azules almacenan grasa en sus tejidos, piel y cavidad abdominal. Estas grasas actúan como reserva de energía para largas migraciones, aguas frías o épocas de escasez.
Entre los pescados azules más destacados encontramos:
| Especie | EPA (g) | DHA (g) | EPA + DHA (g) |
|---|---|---|---|
| Caballas | 0,9 - 1,0 | 1,0 - 1,6 | 1,9 - 2,5 |
| Arenques | 0,7 - 1,0 | 0,7 - 0,9 | 1,6 - 1,7 |
| Salmones | 0,4 - 0,8 | 0,6 - 1,2 | 1,0 - 1,8 |
| Anchoas - Sardinas | 0,4 - 0,5 | 0,6 - 0 | 1,0 - 1,4 |
| Truchas | 0,4 - 1,2 | 0,4 - 1,8 | 0,5 - 3,0 |
| Atunes | 0,3 - 0,4 | 1,0 - 1,2 | 1,3 - 1,6 |
La amplia investigación sobre aceites de pescado ricos en EPA y DHA arroja resultados consistentes: modulación de la inflamación, mejora real —aunque moderada— del confort articular, y efectos positivos sobre el perfil metabólico y cardiovascular.
Varios ensayos controlados con perros artrósicos que recibieron alimentos enriquecidos en EPA/DHA mostraron:
Los resultados evidencian beneficios progresivos, generalmente visibles a partir de las 6-12 semanas de suplementación.
A nivel celular, Curtis et al. demostraron que el EPA/DHA reduce la liberación de mediadores inflamatorios (PGE2, NO, MMP) en condrocitos artrósicos caninos, confirmando un mecanismo de acción directo sobre los tejidos articulares.
Los estudios también revelan efectos sistémicos positivos:
En conjunto, estos datos apuntan a una reducción de la inflamación de bajo grado y una mejor protección celular.
Aunque el aceite de pescado ha sido históricamente la fuente más accesible de EPA y DHA, sus inconvenientes son cada vez más evidentes y documentados, tanto en lo que respecta a la calidad nutricional como a la sostenibilidad y la seguridad.
Los pequeños pescados azules —anchoa, sardina, arenque, caballa— son el pilar de la producción mundial de aceite y harina de pescado, y también la base de la cadena alimentaria marina.
Bach et al. revelan que la producción de aceites de pescado depende cada vez más de stocks plenamente explotados o sobreexplotados, y que la «escasez ecosistémica» crece con la intensificación de la pesca de estas especies forrajeras.
Este estudio señala dos riesgos clave:
Los informes de la FAO (2020-2022) confirman que más de un tercio de los stocks mundiales están sobreexplotados, frente al 10% en los años 1970, lo que confirma una tendencia estructural preocupante.
Por su alto contenido graso, los pescados azules tienden a acumular más contaminantes ambientales. Investigaciones recientes confirman que esta acumulación incluye metales pesados, contaminantes orgánicos persistentes y microplásticos.
El estudio de Nøstbakken et al. muestra que el salmón, la caballa y el arenque pueden contener niveles detectables de dioxinas y PCB de tipo dioxina, que se acumulan en el tejido adiposo con el tiempo. Aunque generalmente dentro de los límites legales, las concentraciones son siempre más altas en especies grasas que en pescados magros, confirmando que la bioacumulación está directamente ligada al contenido lipídico.
Un análisis del mercado italiano de Nevigato et al. reveló que algunos suplementos de aceite de pescado presentan niveles variables de oxidación y contaminantes: la calidad es muy heterogénea y la purificación no garantiza siempre la eliminación total de todos los residuos.
La EFSA recuerda además que el pescado es la principal fuente dietética de metilmercurio y que los contaminantes lipófilos persisten durante años en los ecosistemas marinos.
En conclusión: a pesar de su valor nutricional, los pescados azules exponen actualmente a un cóctel de contaminantes que varía según la especie, la edad y la zona de captura. Un factor determinante al evaluar fuentes de Omega-3.
Investigaciones recientes apuntan a una tendencia preocupante: la caída del contenido natural en EPA y DHA de los pescados salvajes, especialmente donde la presión pesquera es más intensa.
Cuando las poblaciones de pequeños peces pelágicos están sobreexplotadas, los peces no tienen tiempo de reconstituirse ni de recuperar sus reservas de Omega-3. Este fenómeno se ve agravado por un segundo factor: la reducción de la producción primaria de Omega-3 por las microalgas, consecuencia directa del calentamiento de las aguas.
Entre 2000 y 2023, en el mar Mediterráneo, las capturas anuales de EPA + DHA pasaron de aproximadamente 15 toneladas a 6 toneladas, una caída cercana al 60%.
Los peces de acuicultura tampoco escapan al problema: se alimentan con harinas y aceites procedentes de los mismos stocks salvajes en declive, perpetuando la presión pesquera.
Para reducir esta dependencia, muchas piscifactorías están sustituyendo estos ingredientes por soja u otras fuentes vegetales sin EPA ni DHA, lo que diluye la concentración de Omega-3 en los peces criados.
El resultado: en algunos criaderos, el contenido en EPA + DHA del salmón ha caído aproximadamente un 50% en una década (Sprague et al.).
Ante las limitaciones crecientes de los pescados azules y de los aceites derivados de ellos, varias fuentes de Omega-3 emergen hoy como opciones más seguras, más estables y mucho más sostenibles. Dos destacan especialmente: el aceite de microalga y el aceite de mejillón verde.
Las microalgas marinas son los organismos que producen de forma natural el EPA y el DHA. Los peces no son más que sus “acumuladores”. Al ir directamente a la fuente, el aceite de microalga presenta varias ventajas importantes:
Hoy es la fuente de EPA/DHA preferida por numerosos laboratorios comprometidos con la salud animal y humana.
Descubra nuestro artículo sobre los beneficios del aceite de alga
El mejillón verde de Nueva Zelanda (Perna canaliculus) tiene la particularidad de contener:
Además, se trata de una cadena mejor regulada, basada en cosechas estrictamente supervisadas por el Gobierno neozelandés, lo que limita la presión sobre las poblaciones silvestres.
Descubra nuestro artículo: El mejillón verde, remedio contra la artrosis
Porque responden a los tres grandes retos del aceite de pescado:
Permiten aportar al animal Omega-3 realmente eficaces, evitando los problemas ligados a la variabilidad, la oxidación y la sostenibilidad incierta de los pescados azules.
Los pescados azules han sido históricamente la referencia para el EPA y el DHA, los Omega-3 esenciales para la salud articular. Los estudios demuestran que pueden realmente mejorar la movilidady reducir la inflamación en perros artrósicos cuando se aportan en dosis suficientes.
Pero la evidencia actual también expone sus limitaciones: gran variabilidad en el contenido de Omega-3, acumulación de contaminantes y descenso progresivo de EPA/DHA debido a la sobrepesca y el cambio climático. Estos factores hacen del aceite de pescado una fuente cada vez menos fiable y menos sostenible.
Por eso surgen alternativas más estables y limpias, como el aceite de microalga y el aceite de mejillón verde, capaces de aportar Omega-3 altamente biodisponibles, exentos de contaminantes marinos y procedentes de cadenas de suministro sostenibles.
En el Laboratorio Sensilia, esta evolución guía nuestro trabajo: ofrecer fuentes de Omega-3 tan eficaces como responsables. PERNIXOL®, formulado a partir de aceite de mejillón verde extraído con CO₂ supercrítico y aceite de microalga, se inscribe en este enfoque al aportar EPA+DHA de forma eficaz, pura y respetuosa con los océanos.
Una solución pensada para acompañar la movilidad de su perro con Omega-3 a la altura de los retos científicos y ecológicos actuales.
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Este artículo ha sido redactado por el equipo de I+D del Laboratorio Sensilia, experto en nutrición animal.
El Laboratorio Sensilia es un laboratorio francés, familiar e independiente situado en Gironda (Francia). Desde 2019, trabajamos en la investigación y fabricación de productos de bienestar sanos e innovadores.