
Mi perro cojea: ¿artrosis u otro problema? Lista de comprobación rápida (apoyo, heridas, almohadillas y uñas), causas frecuentes, urgencias, cuándo consultar, prevención y alivio.
Published in
Salud articular del perroLa cojera es el motivo de consulta veterinaria más frecuente en el perro. Aunque parezca leve, casi siempre indica dolor o molestia. Los propietarios piensan instintivamente en artrosis, sobre todo en perros mayores, pero las causas pueden ser muy variadas: traumatismos, luxaciones, roturas de ligamentos, heridas, problemas neurológicos o metabólicos.
Saber observar a su perro y reconocer cuándo acudir al veterinario puede marcar una diferencia real en su bienestar.
Lo primero es comprobar si el perro apoya o no la pata en el suelo:
Examine la pata con cuidado:
Las almohadillas son una causa muy habitual de cojera:
Extraer un objeto de las almohadillas puede requerir sedación y vendaje profesional.

Una uña rota o arrancada puede provocar dolor intenso y cojera inmediata.
Los veterinarios clasifican las cojeras en grados:
Cuanto mayor es el grado, mayores son el dolor y la urgencia. A partir del grado 3, acuda al veterinario sin demora.
Las causas son muy variadas y se agrupan en tres categorías: ortopédicas, neurológicas y otras causas (infecciosas, tumorales, metabólicas).
La artrosis es la causa más habitual de cojera crónica en el perro senior. Implica una degeneración progresiva del cartílago articular, que se adelgaza y pierde su función amortiguadora. La fricción ósea desencadena inflamación (sinovitis) y rigidez.
Los perros artríticos suelen presentar cojera intermitente, más intensa al levantarse o tras el ejercicio.
El ligamento cruzado anterior estabiliza la rodilla. Su rotura provoca inestabilidad articular y una cojera brusca y severa. Es frecuente en perros deportivos, activos o con sobrepeso.
Sin cirugía, la inestabilidad acelera la aparición de artrosis secundaria.
La luxación ocurre cuando la cabeza femoral sale de la cavidad de la cadera. Suele deberse a un traumatismo, como un accidente o una caída. Provoca cojera súbita e incapacidad para apoyar la pata.
Debe confirmarse por radiografía y habitualmente requiere intervención quirúrgica.
Común en razas pequeñas (Yorkshire, Chihuahua, Spitz), consiste en el desplazamiento de la rótula fuera de su canal. La cojera es intermitente: el perro levanta la pata unos segundos y luego vuelve a caminar con normalidad.
Si no se trata, puede derivar en artrosis.
La displasia es una malformación del desarrollo articular: la cadera o el codo no encajan bien, generando un desgaste precoz del cartílago que favorece la artrosis. El labrador y el pastor alemán presentan una predisposición elevada.
Los cachorros afectados pueden cojer desde los 5-6 meses.
Es un trastorno del desarrollo cartilaginoso en razas grandes en crecimiento rápido. El cartílago se fisura y puede desprenderse formando un fragmento libre doloroso (frecuente en hombro o codo).
Suele requerir cirugía precoz para prevenir la artrosis.
Afecta a razas pequeñas (Yorkshire, Westie, caniche enano). Consiste en una necrosis aséptica de la cabeza femoral: el hueso muere progresivamente por falta de riego sanguíneo.
Causa cojera progresiva en el perro joven (4-12 meses). Tratamiento quirúrgico.
Frecuente en razas de espalda larga (teckel, bulldog francés), la hernia se debe al desplazamiento de un disco intervertebral que comprime la médula espinal. Causa cojera, dificultad motriz e incluso parálisis. Es una urgencia si hay pérdida de apoyo o incontinencia.
Razas como el Malamute o el Leonberger son propensas a enfermedades degenerativas de los nervios periféricos, que causan debilidad muscular, marcha anormal y cojeras recurrentes.
El déficit de hormonas tiroideas puede causar debilidad muscular y dolor articular, manifestándose a veces como cojera crónica con baja vitalidad general.
Estos parásitos afectan nervios y músculos, provocando rigidez y cojeras. La neosporosis puede ser especialmente grave en cachorros, con riesgo de parálisis progresiva.
El sistema inmunitario ataca los propios tejidos articulares y musculares, generando dolores difusos que pueden confundirse con artrosis.
Una bacteria puede colonizar una articulación (tras mordedura, cirugía o herida), provocando inflamación intensa y fiebre. La artritis séptica es urgencia: requiere antibioterapia y a veces lavado quirúrgico.
Transmitida por garrapatas y causada por Borrelia burgdorferi. Provoca cojeras migratorias (que cambian de pata) con posible fiebre y fatiga.
En razas grandes (Rottweiler, Lebrel escocés), el osteosarcoma es un tumor óseo agresivo que fragiliza el hueso, causando cojera persistente e intenso dolor localizado. El diagnóstico requiere radiografía y biopsia.
Solo un examen veterinario completo puede confirmar la causa.

En el perro senior, la artrosis es la causa más frecuente de cojera crónica y se manifiesta mediante:
La cojera no es inevitable: un abordaje precoz y global suele permitir reducir el dolor, ralentizar la progresión de las enfermedades articulares y mejorar la calidad de vida del perro. Estas son las estrategias con mayor respaldo científico.
El sobrepeso es uno de los factores que más agravan la cojera. Cada kilo de más aumenta la carga mecánica sobre las articulaciones, acelera el desgaste del cartílago y potencia la inflamación.
Un estudio demostró que los Labradores mantenidos en un peso óptimo desarrollaban signos de artrosis 3 años más tarde que sus congéneres con sobrepeso.
El control del peso se apoya en una dieta adaptada, raciones calculadas y un seguimiento regular de la condición corporal del perro.
Mantener al perro en su peso ideal es una de las intervenciones más eficaces y económicas para proteger sus articulaciones.
El movimiento es clave para mantener la musculatura, estabilizar las articulaciones y conservar la flexibilidad de tendones y ligamentos. Eso sí, debe ajustarse a la edad, la raza y el estado de salud del perro.
El sedentarismo es perjudicial: un perro poco activo pierde masa muscular, lo que agrava la inestabilidad articular.
Los nutracéuticos articulares se han convertido en un recurso esencial para las cojeras crónicas, sobre todo en casos de artrosis. Los más respaldados por la ciencia son:
Los Omega-3 producen una mejora significativa de la movilidad en los perros con artrosis.
Los complementos no sustituyen el tratamiento veterinario, pero constituyen una estrategia complementaria a largo plazo, bien tolerada y con pocos efectos secundarios.
La rehabilitación canina ha crecido mucho en los últimos años, con resultados alentadores en el manejo de la cojera.
Estas técnicas deben estar siempre supervisadas por un veterinario o fisioterapeuta animal cualificado.
Un perro de riesgo (raza grande, displasia confirmada o perro mayor) debería someterse al menos a una revisión veterinaria anual que incluya:
El seguimiento periódico permite detectar a tiempo los signos de deterioro y adaptar rápidamente el tratamiento.
Más allá del tratamiento médico, algunos ajustes sencillos en el hogar pueden reducir el dolor y evitar recaídas:
La cojera en el perro es una señal de alerta que nunca hay que ignorar. Sea cual sea su origen (traumatismo, problema ortopédico, neurológico o artrosis), siempre indica un dolor que afecta al bienestar y la movilidad del animal.
Un diagnóstico veterinario temprano, combinado con un abordaje integral (control del peso, ejercicio adaptado, complementos articulares, rehabilitación), suele permitir ralentizar la progresión y mejorar de forma duradera la calidad de vida del perro.
Como dueño, tiene un papel fundamental: detectar los primeros síntomas, adaptar el entorno de su compañero y aplicar una prevención activa para que conserve su movilidad el máximo tiempo posible.
Este artículo ha sido redactado por el equipo de I+D del Laboratorio Sensilia, experto en nutrición animal.
El Laboratorio Sensilia es un laboratorio francés, familiar e independiente situado en Gironda (Francia). Desde 2019, trabajamos en la investigación y fabricación de productos de bienestar sanos e innovadores.